miércoles, julio 25, 2007

Infinitivos

Soñar. Despertar. Descubrir. Aprender. Querer. Temer. Extrañar. Ayudar. Sonreir. Consolar. Jugar. Pensar. Pelear. Defender. Traicionar. Amar. Llorar. Suspirar. Descansar. Madurar. Correr. Huir. Pasear. Reflexionar. Buscar. Ganar. Conseguir. Respetar. Trabajar. Perder. Hablar. Confesar. Escuchar. Tramar. Ver. Manipular. Convencer. Colaborar. Disfrutar. Escuchar. Bailar. Reir. Cantar. Besar. Mentir. Afirmar. Ir. Saludar. Recordar. Venir. Negar. Volver. Añorar. Olvidar. Perdonar. Desear. Hacer. Estar. Tener. Mejorar. Crecer. Ser y muchas cosas más... en fin vivir.

Los míos en negrita y, ¿cuáles son tus infinitivos?

viernes, junio 22, 2007

Historia de un vestido

Coro, Edo. Falcón. Década de los años 20 en una casa de familia acomodada venida a menos por mil desgracias que no son importantes para esta historia.

Los hermanos mayores tienen que trabajar para mantener a los pequeños. Son 21 hermanos en total. Entre los nuevos responsables de la familia está ella: coqueta y soñadora por naturaleza. Se dedica a coser, en realidad no cose solamente, también diseña los trajes utilizando de base los “figurines que llegan de Paris en los vapores”. Tiene como clientas a muchas mujeres de la “alta sociedad” del momento, la eligen por sus diseños originales. Todas le piden ese vestido único e irrepetible para atrapar todas las miradas en los bailes, ella se los concede o por lo menos eso les hace creer.

Aunque la situación económica de la familia estaba tan mal seguían participando de todas las fiestas y bailes del momento. Un día llegó la invitación al “baile del año”, iba a estar todo el mundo presente, y junto a la invitación, llegaron los encargos de trajes. Más que nunca le pidieron vestidos especiales, únicos y elegantes. Mientras cosía todas aquellos vestidos con preciosas telas, sólo pensaba en una cosa: Cómo iba a ser su propio vestido. Con muchísimo esfuerzo y también entusiasmo los hizo todos y dejó complacidas a las clientas.

Había terminado el trabajo, a excepción del que más le importaba, que era su traje. Ni siquiera tenía la tela, había que ponerse manos a la obra. Se fue al almacén de los turcos, dónde solía comprar las telas y empezó a buscar un tejido en particular. No lo ve por ningún lado y pregunta; le respondieron que hace mucho que no llega nada así, es una tela muy especial. Ella insistió tanto que convenció a los dueños del almacén de ir a la trastienda a revisar que no tuvieran algún buen retazo de lo que buscaba. Tanta búsqueda dio su fruto, estaba la tela y el encaje, pero por llevar tanto tiempo guardado y por culpa de alguna filtración, tenía 30 o 40 centímetros de cada lado podrido. Ella no se daba por vencida, midió las posibilidades de la tela y la compró. Se la dejaron muy barata, con aquello había poco negocio que hacer.

Sin perder tiempo empezó a diseñar y coser su vestido. Estaba decidida a opacar incluso a sus otros diseños. La misma tarde del baile terminó el traje, estaba más que satisfecha, después de cortar los trozos de tela en mal estado, había podido aprovechar el resto. Ella sí que tenía un vestido único y espectacular.

Las amigas y las hermanas llevaban días preguntándole por lo que se pondría, pero ella esquivaba la respuesta diciéndoles que ya se haría algo, que no había tenido tiempo de pensar en eso. Pero la miraban con sospechas, conociéndola como la conocían sabían que planeaba algo.

A la hora de la fiesta todos estaban listos menos ella. Le dijeron que se apurara para no llegar tarde, pero ella les dijo que se adelantaran, aún no había terminado unos quehaceres, ya después se arreglaría. Su plan era causar el mayor impacto posible del que causaría solo el vestido llegando un poco tarde, cuando ya todos estuvieran y se preguntaran dónde estaba ella.

Una hora después de salir sus hermanos ella por fin estaba lista. El espejo le devolvió la imagen que quería exactamente, la que se había imaginado en todas las horas de trabajo. Imposible un mejor resultado.

Dicho y hecho. Llegó al baile de última. Ya todos llevaban rato reunidos. Cuando entró al salón todo se quedó en silencio a excepción de la música, todos voltearon a verla. La actitud de ella era de total tranquilidad, no pasaba nada. Las mejores se le acercaron envidiosas a reclamarle que no les hubiera hecho ese vestido a ellas, los hombres le comentaban lo hermosa que estaba. En realidad, estaba exultante de alegría y de orgullo.

Muchos “pretendientes” la invitaron a bailar pero ella rechazó todas las ofertas hasta que un amigo de su padre fallecido la invitó. Esta vez aceptó. Su vanidad le decía que mientras bailaba con este caballero, todos los demás, mujeres y pretendientes no podrían quitarle los ojos de encima a ella y a su traje.

Mientras giraba y giraba bailando, sólo pensaba en lo feliz que estaba, tanto trabajo tenía su recompensa: el vestido soñado. De repente, en medio de la ensoñación, le pareció que nevaba, pequeñas partículas brillantes flotaban en el salón. Se sobresaltó cuando notó que era la tela de su vestido la que bailaba junto a ella. Pensó rápido: la tela debía estar toda podrida aunque no lo pareciera, si seguía bailando se quedaría sin vestido, pero tampoco era cosa de salir corriendo, aún la gente no lo había notado. Delicadamente dejó de bailar y empezó a despedirse de los invitados, dijo que estaba muy cansada.

Se fue como llegó. Las mujeres la envidiaron y los hombres la admiraron. Nadie notó que su vestido se deshacía.

sábado, abril 14, 2007

Un trocito de mi infancia, por favor

Gracias a unos amigos, conocimos una pastelería portuguesa que abrieron cerca de casa, en la calle Verdi justo en la cuadra encima de la plaza de la Virreina y la del Diamante.

Apenas ves la vitrina de productos realizas un viaje interior hasta Venezuela, venden algunas cositas que uno lleva guardadas en el acervo gastronómico y que por estos lados son difíciles de encontrar. La ilusión que produce ver bombas rellenas de crema pastelera o unos mini lunch (llamados aquí merienda), es inmensa, como recordar los cumpleaños celebrados en el Tolón cuando uno era niño.

Esta maravillosa pastelería se llama A Casa Portuguesa y está muy bien decorada, detalle que sí la diferencia con nuestras panaderías de siempre, todo está diseñado con mucha sencillez y buen gusto, aunque eso sí, no podía faltar una pared cubierta de distintos azulejos formando un gran mosaico, la típica decoración portuguesa. Simplemente perfecto.

La frase que da título a este post es la manera en que un amigo pidió a una de las chicas que atienden el pastel que más le recordó su niñez. Ella no entendió, es lógico que no entienda, no tiene por qué conocer el nexo total que existe entre los venezolanos y la panadería portuguesa que en gran parte es también totalmente nuestra.

A Casa Portuguesa

Carrer Verdi, 58. Barcelona

miércoles, abril 11, 2007

La vida es dura, después te mueres

“La vida es dura, después te mueres” es una frase del último libro que leí y me parece fantástica para definir la existencia en momentos depresivos, porque es simplemente verdad. Pero en esto que escribo, aunque pueda parecer lo contrario, no interesa en lo más mínimo el libro que terminé hace unos días, ni la depresión; mi punto es la manera de asumir las dificultades y de vivir la vida.

La vida es complicada y más aún cuando hechos negativos o personas, algunas de ellas ciertamente poseídas por el demonio, trastocan nuestra existencia y nos hacen entrar en una tristeza profunda y, a la vez, en interrogantes estresantes. Las típicas preguntas ¿Por qué a mí? Y ¿En qué me equivoqué? No paran de repetirse en la cabeza e incluso aparecen afirmaciones bastante descabelladas como por ejemplo “me lo merezco por tal o cual cosa”; en fin, reniegos y cuestionamientos que nos hunden más en la miseria. Siempre se plantea también la posibilidad de que fuerzas sobrenaturales y desconocidas sean las causantes de tanto dolor, que seamos castigados por las inclemencias del destino.

No sé si por fuerzas sobrenaturales, azarosas, gente desquiciada o por qué, pero podemos estar seguros que siendo buenos o no tanto, los golpes nos llegan a todos por igual, a unos más duros que a otros, no hay distinción entre quiénes se merecen los malos tragos y quiénes no. Todo el mundo recibe lo suyo. Teniendo esta certeza se podría llegar a la conclusión de que si vamos a salir trasquilados por igual entonces no vale la pena intentar ser amables, justos y luchar por un mundo mejor, por el contrario, la posición ideal sería (por cierto, elegida como la posición #1 en occidente en el siglo XXI por su comodidad) la de cerrar los ojos ante las cosas menos bonitas y “vivir” la vida; ojos que no ven, corazón que no siente. Gran error, lógica cadena de pensamientos pero totalmente equivocada, porque ante la gran verdad de que la vida es dura y después te mueres, que las cosas malas nos caen incluso corriendo lo más duro posible en la dirección contraria y aunque no sea justo que te hagan daño, siempre será más fácil superar la sensación de impotencia y frustración, y el terrible miedo a sufrir y sentirse totalmente desprotegido, sabiendo el profundo bienestar que produce un buen gesto, el compartir lo que tenemos, una sonrisa, un abrazo y una mirada cómplice de algún súper héroe anónimo de los que te consigues en la calle intentando ayudar a la humanidad convertida en rebaño que no se da cuenta que vive en una terrible situación de enajenación de lo que es estar aquí, en el mundo.

La vida es dura, pero puede no ser patética.

martes, marzo 27, 2007

La biblioteca

Vacía. Así empezó esta nueva etapa después de haber sido arrancada de cuajo de su lugar y sin oportunidad para recoger nada. Así de vacía y exiliada partió de viaje hacia su nuevo destino. Un viaje muy teórico para esta biblioteca, sin letras para formar palabras, ni palabras para formar oraciones, ni oraciones para formar historias y finalmente, sin historias para contar, su existencia quedaba en entredicho. Así que para ser más exactos, fue su concepto el que realizó el viaje hasta aquí.

Este concepto fue dando paso a una existencia leíble, a la reconstrucción de la biblioteca, volviendo a tener la posibilidad de contar historias. Teniendo como meta renacer, dejar se ser una idea y volver a ser tangible, aprovechó todos los recursos a su alcance, Recogió lo que los demás descartaban, se llenó de palabras que no tenían cabida en otras estanterías. Aceptó feliz e ilusionada cuanto regalo le ofrecían.

Novelas, ensayos, cuentos, biografías. Clásicos, nóveles, conocidos desconocidos, buenísimos y menos buenos. Distintos idiomas. Todos tenían algo en común que los hacía ser bienvenidos en ella: tenían cosas que contar, historias para soñar, pensar, llorar y reír, incluso rabiar por la existencia de tales bodrios de libros. Pero hasta los ejemplares mediocres tenían algo que enseñar... lo que no se debe escribir.

Llena ahora de retazos de bibliotecas que llegaron a ella por azar, experiencias que de otra manera no hubieran llegado a su estantes, forjándole una personalidad con múltiples vertientes y heterogénea, abierta y sin prejuicios ni ideas preconcebidas; dejó de ser un concepto, se convirtió en herramienta de escape. Escapadas al Londres del siglo XIX, al espacio, a la Barcelona actual, al África más desconocida, al interior de un hombre atormentado. Mil vidas en una sola.

Y la suerte, de nuevo el azar ha hecho que esa biblioteca sea mía.


domingo, marzo 25, 2007

Crepúsculo sobre Toulouse


Fue un día precioso. Disfruté de la mejor compañía del mundo. Conversé muchísimo de un tema al que aún no le conseguimos solución. Este día volvió mi nostalgia por un futuro que no llega, mi melancolía de un pasado que permanecerá alterándose para bien en mi memoria y el hastío de un presente que sí permanece inalterable.

miércoles, marzo 14, 2007

Échame burundanga

Échame burundanga para no pensar, para no ser conciente, para no ser responsable, para olvidar, para no saber, para evitar la culpa, para perder, para creer que existe, para no luchar, para que otro piense por mí, para tener una excusa, para ser víctima, para vivir sin darme cuenta, para no tener voluntad...

¡¡¡No!!!

¿Qué burundanga es esta?

Vive, lucha y goza, eso sí, sin burundangas raras.

martes, marzo 13, 2007

Paraguas


Nunca me han gustado los paraguas. Me gustaba mojarme con la lluvia de Caracas y, aún más me encantaba salir bajo los palos de agua vespertinos en Puerto la Cruz para emparamarme con sus litros y litros de agua.

Aquí en Barcelona es distinto, aunque llueve muy poco, en esas escasas ocasiones no es tan provocativo mojarse por ciertas razones y sinrazones, pero menos aún en invierno.

Hace unos días atrás, mientras me mojaba y miraba con cierta envidia a los privilegiados usuarios de los paraguas noté que todos ellos tienen una manera muy interesante de llevar este implemento y consideré importante hacer una pequeña lista informativa acerca del uso del paraguas para que los neófitos en el tema como yo, cuando decidamos hacer uso del coroto en cuestión nos podamos mezclar con la gente aparentando ser uno más.

Tips para el uso del paraguas

  • Cuando camines por la acera evita el contacto visual con las personas que vienen de frente, este error podría ocasionar el sentirte con el deber de mover tu paraguas para que los demás puedan pasar ocasionándote posibles mojadas y quitándote la oportunidad de sacarle un ojo a alguno de tus conciudadanos.
  • Siempre camina por el borde los edificios para que sus balcones y cornisas te resguarden del agua y así, evites que se te emparame el paraguas, total, las personas sin sombrilla de todas, todas se van a mojar y así les das vía libre para que corran bajo la lluvia.
  • El mismo principio del punto anterior pero aplicado a las paradas de autobuses, es decir, siempre métete con el paraguas abierto dentro del techo de la parada e manera que ocupes la mayor cantidad de espacio posible y quepan pocas personas más. Ya sabes que lo más importante eres tú.
  • La compañía y la lluvia son dos cosas muy agradables, así que cuando camines en grupo bajo el agua, pónganse uno al lado del otro ocupando todo el espacio transitable y caminen lentamente, disfrutando del paseo. Es imprescindible combinar esta regla con el primer punto.
  • Cuando consigas dónde resguardarte de la lluvia, sacude tu paraguas poniéndolo delante de la entrada del lugar seco, de manera que no permitas que nadie más pase y además los salpicas con el agua mientras esperan que termines

Hay muchos más tips que seguro nos harían falta saber, pero el punto básico que te ayudará a saber qué hacer en cada ocasión es que tú eres los más importante (como te enseñaron en tu casa), así que no te mojes, los demás que resuelvan “ellos mismos”.

jueves, marzo 08, 2007

Día de la mujer

Una mujer con luna en el vientre
Esmalte sintético s/papel
2000
Obra de Mario Natalini

¡¡¡Oigan todos, oigan todos!!!
Nos reunimos aquí para dar un gran aplauso a todas las mujeres del mundo en su día. ¡¡¡Felicidades luchadoras!!!…
¡¡¡pla, pla, pla, pla, pla!!!

Si soy sincera, no estoy claramente a favor de estos días dedicados a una causa o a otra, aunque me parecen una manera correcta de no olvidarnos de ciertos problemas graves que hay en el mundo. Como mujer quiero dejar de ser considerada una causa por la que luchar, como el SIDA o la capa de ozono. Mi mayor deseo y mi lucha es porque por fin se acaben las diferencias de género y todo el mundo se dé cuenta que la población del mundo antes de ser mujer u hombre, es persona. Todos somos personas llenas de virtudes, luchadoras y emprendedoras, con los mismos derechos y los mismos deberes. No busquemos más nuestras diferencias sino nuestros puntos en común, nuestra igualdad y con eso lograremos que nadie sea menospreciado.

¡¡¡Oigan todos, oigan todos!!!
Ahora, un aplauso aún más fuerte para aquell@s que están dispuest@s a partir de hoy en trabajar para que todos seamos considerad@s personas, por igual.
¡¡¡pla, pla, pla, pla, pla!!! ¡¡¡pla, pla, pla, pla, pla!!! ¡¡¡pla, pla, pla, pla, pla!!!

martes, marzo 06, 2007

El felizómetro

¿Qué produce la felicidad? ¿Dinero? ¿Salud? ¿Amor? Siempre hemos estado buscando la fuente de la felicidad, queremos ser más felices pero no sabemos cómo serlo, vamos preguntando por ahí el secreto aún sin descubrir, el truco de la sonrisa, la diversión y el bienestar permanente.

La felicidad es tan relativa que es muy fácil darse cuenta que lo que hace feliz a algunos no hace feliz a otro, pero aunque sepamos esto, en nuestro afán de estandarización queremos medir la felicidad como si se tratara de algo objetivo.

La manía obsesiva que tenemos de querer saber cuán felices, flacos, ricos, bellos somos, nos lleva siempre a utilizar la comparación, ¿y con quién nos comparamos? Pues, con los iconos inalcanzables (con quienes sabemos que siempre perderemos) y con nuestros amigos y familiares, con la gente cercana, nunca con la totalidad de la población, si lo hiciéramos así nos daríamos cuenta que no es tan importante ser flaco o rico, que hay cosas verdaderamente importantes pasando ahí afuera, pero ese es otro tema. La conclusión produce tristeza en vez de felicidad: los defectos, carencias y malos momentos de nuestra gente cercana se convierte en nuestra virtud generándonos la felicidad ansiada. Si ganamos más que nuestros amigos somos más felices, si somos más gordos que nuestros primos somos más infelices.

Nuestro baremo de felicidad no somos nosotros mismos ni el lograr alcanzar nuestras metas y sueños, son todos los que nos rodean con sus sueños y sus metas y por supuesto, el poder que tengan para conseguirlos y hacerlos realidad en comparación con el nuestro. Por eso no nos cuesta tanto dar apoyo en un mal momento, pero nos cuesta tanto controlar la envidia ante el buen momento de alguien, ese éxito nos hace sentir degradados dentro de la escala de nuestro felizómetro particular.

Y es que como me dijo un gran amigo: “Sabes quién te quiere no porque te acompañe en los malos momentos, sino porque se alegre de corazón por tus éxitos y tu felicidad”.