Gracias a unos amigos, conocimos una pastelería portuguesa que abrieron cerca de casa, en la calle Verdi justo en la cuadra encima de la plaza de la Virreina y la del Diamante.
Apenas ves la vitrina de productos realizas un viaje interior hasta Venezuela, venden algunas cositas que uno lleva guardadas en el acervo gastronómico y que por estos lados son difíciles de encontrar. La ilusión que produce ver bombas rellenas de crema pastelera o unos mini lunch (llamados aquí merienda), es inmensa, como recordar los cumpleaños celebrados en el Tolón cuando uno era niño.
Esta maravillosa pastelería se llama A Casa Portuguesa y está muy bien decorada, detalle que sí la diferencia con nuestras panaderías de siempre, todo está diseñado con mucha sencillez y buen gusto, aunque eso sí, no podía faltar una pared cubierta de distintos azulejos formando un gran mosaico, la típica decoración portuguesa. Simplemente perfecto.
La frase que da título a este post es la manera en que un amigo pidió a una de las chicas que atienden el pastel que más le recordó su niñez. Ella no entendió, es lógico que no entienda, no tiene por qué conocer el nexo total que existe entre los venezolanos y la panadería portuguesa que en gran parte es también totalmente nuestra.

A Casa Portuguesa
Carrer Verdi, 58. Barcelona
1 Comments:
hola! llego a tu blog por links de tcalo en su blog!
Yo fui a barcelona hace ya mas de 1 mes y quedè fascinado, sobretodo por la comida... Descubri que Gran parte de lo que comemos es "cultura gastronomica" heredada de los españoles...
Yo tambien quiero un minilunchhh!
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