martes, marzo 06, 2007

El felizómetro

¿Qué produce la felicidad? ¿Dinero? ¿Salud? ¿Amor? Siempre hemos estado buscando la fuente de la felicidad, queremos ser más felices pero no sabemos cómo serlo, vamos preguntando por ahí el secreto aún sin descubrir, el truco de la sonrisa, la diversión y el bienestar permanente.

La felicidad es tan relativa que es muy fácil darse cuenta que lo que hace feliz a algunos no hace feliz a otro, pero aunque sepamos esto, en nuestro afán de estandarización queremos medir la felicidad como si se tratara de algo objetivo.

La manía obsesiva que tenemos de querer saber cuán felices, flacos, ricos, bellos somos, nos lleva siempre a utilizar la comparación, ¿y con quién nos comparamos? Pues, con los iconos inalcanzables (con quienes sabemos que siempre perderemos) y con nuestros amigos y familiares, con la gente cercana, nunca con la totalidad de la población, si lo hiciéramos así nos daríamos cuenta que no es tan importante ser flaco o rico, que hay cosas verdaderamente importantes pasando ahí afuera, pero ese es otro tema. La conclusión produce tristeza en vez de felicidad: los defectos, carencias y malos momentos de nuestra gente cercana se convierte en nuestra virtud generándonos la felicidad ansiada. Si ganamos más que nuestros amigos somos más felices, si somos más gordos que nuestros primos somos más infelices.

Nuestro baremo de felicidad no somos nosotros mismos ni el lograr alcanzar nuestras metas y sueños, son todos los que nos rodean con sus sueños y sus metas y por supuesto, el poder que tengan para conseguirlos y hacerlos realidad en comparación con el nuestro. Por eso no nos cuesta tanto dar apoyo en un mal momento, pero nos cuesta tanto controlar la envidia ante el buen momento de alguien, ese éxito nos hace sentir degradados dentro de la escala de nuestro felizómetro particular.

Y es que como me dijo un gran amigo: “Sabes quién te quiere no porque te acompañe en los malos momentos, sino porque se alegre de corazón por tus éxitos y tu felicidad”.