viernes, junio 22, 2007

Historia de un vestido

Coro, Edo. Falcón. Década de los años 20 en una casa de familia acomodada venida a menos por mil desgracias que no son importantes para esta historia.

Los hermanos mayores tienen que trabajar para mantener a los pequeños. Son 21 hermanos en total. Entre los nuevos responsables de la familia está ella: coqueta y soñadora por naturaleza. Se dedica a coser, en realidad no cose solamente, también diseña los trajes utilizando de base los “figurines que llegan de Paris en los vapores”. Tiene como clientas a muchas mujeres de la “alta sociedad” del momento, la eligen por sus diseños originales. Todas le piden ese vestido único e irrepetible para atrapar todas las miradas en los bailes, ella se los concede o por lo menos eso les hace creer.

Aunque la situación económica de la familia estaba tan mal seguían participando de todas las fiestas y bailes del momento. Un día llegó la invitación al “baile del año”, iba a estar todo el mundo presente, y junto a la invitación, llegaron los encargos de trajes. Más que nunca le pidieron vestidos especiales, únicos y elegantes. Mientras cosía todas aquellos vestidos con preciosas telas, sólo pensaba en una cosa: Cómo iba a ser su propio vestido. Con muchísimo esfuerzo y también entusiasmo los hizo todos y dejó complacidas a las clientas.

Había terminado el trabajo, a excepción del que más le importaba, que era su traje. Ni siquiera tenía la tela, había que ponerse manos a la obra. Se fue al almacén de los turcos, dónde solía comprar las telas y empezó a buscar un tejido en particular. No lo ve por ningún lado y pregunta; le respondieron que hace mucho que no llega nada así, es una tela muy especial. Ella insistió tanto que convenció a los dueños del almacén de ir a la trastienda a revisar que no tuvieran algún buen retazo de lo que buscaba. Tanta búsqueda dio su fruto, estaba la tela y el encaje, pero por llevar tanto tiempo guardado y por culpa de alguna filtración, tenía 30 o 40 centímetros de cada lado podrido. Ella no se daba por vencida, midió las posibilidades de la tela y la compró. Se la dejaron muy barata, con aquello había poco negocio que hacer.

Sin perder tiempo empezó a diseñar y coser su vestido. Estaba decidida a opacar incluso a sus otros diseños. La misma tarde del baile terminó el traje, estaba más que satisfecha, después de cortar los trozos de tela en mal estado, había podido aprovechar el resto. Ella sí que tenía un vestido único y espectacular.

Las amigas y las hermanas llevaban días preguntándole por lo que se pondría, pero ella esquivaba la respuesta diciéndoles que ya se haría algo, que no había tenido tiempo de pensar en eso. Pero la miraban con sospechas, conociéndola como la conocían sabían que planeaba algo.

A la hora de la fiesta todos estaban listos menos ella. Le dijeron que se apurara para no llegar tarde, pero ella les dijo que se adelantaran, aún no había terminado unos quehaceres, ya después se arreglaría. Su plan era causar el mayor impacto posible del que causaría solo el vestido llegando un poco tarde, cuando ya todos estuvieran y se preguntaran dónde estaba ella.

Una hora después de salir sus hermanos ella por fin estaba lista. El espejo le devolvió la imagen que quería exactamente, la que se había imaginado en todas las horas de trabajo. Imposible un mejor resultado.

Dicho y hecho. Llegó al baile de última. Ya todos llevaban rato reunidos. Cuando entró al salón todo se quedó en silencio a excepción de la música, todos voltearon a verla. La actitud de ella era de total tranquilidad, no pasaba nada. Las mejores se le acercaron envidiosas a reclamarle que no les hubiera hecho ese vestido a ellas, los hombres le comentaban lo hermosa que estaba. En realidad, estaba exultante de alegría y de orgullo.

Muchos “pretendientes” la invitaron a bailar pero ella rechazó todas las ofertas hasta que un amigo de su padre fallecido la invitó. Esta vez aceptó. Su vanidad le decía que mientras bailaba con este caballero, todos los demás, mujeres y pretendientes no podrían quitarle los ojos de encima a ella y a su traje.

Mientras giraba y giraba bailando, sólo pensaba en lo feliz que estaba, tanto trabajo tenía su recompensa: el vestido soñado. De repente, en medio de la ensoñación, le pareció que nevaba, pequeñas partículas brillantes flotaban en el salón. Se sobresaltó cuando notó que era la tela de su vestido la que bailaba junto a ella. Pensó rápido: la tela debía estar toda podrida aunque no lo pareciera, si seguía bailando se quedaría sin vestido, pero tampoco era cosa de salir corriendo, aún la gente no lo había notado. Delicadamente dejó de bailar y empezó a despedirse de los invitados, dijo que estaba muy cansada.

Se fue como llegó. Las mujeres la envidiaron y los hombres la admiraron. Nadie notó que su vestido se deshacía.